al mismo tiempo, impedían a nuestro héroe averiguar tanto su color como su forma. En toda su persona no había rastro de camisa, pero una corbata blanca, de aspecto mugriento, aparecía atada con extrema precisión alrededor del cuello y sus extremos, colgando formalmente uno al lado del otro, daban (aunque me atrevo a decir que sin intención) la impresión de un eclesiástico. En efecto, muchos otros aspectos tanto de su apariencia como de su comportamiento habrían podido justificar muy bien una idea de esa naturaleza.
Sobre la oreja izquierda llevaba, a la manera de un empleado moderno, un instrumento parecido al estilete de los antiguos.
En el bolsillo del pecho de su casaca asomaba ostensiblemente un pequeño volumen negro sujeto con broches de acero. Este libro, ya fuese por accidente o no, estaba vuelto de tal modo hacia el exterior que dejaba ver las palabras Rituel Catholique en letras blancas sobre el lomo.