CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Short FictionPublic
Página 193 de 1178
Table of Contents

La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall

deseaba retener conmigo tanto peso como pudiera cargar, por la obvia razón de que no me era posible asegurar ni la gravitación ni la densidad atmosférica de la luna. Aún no sufría ningún inconveniente físico; respiraba con absoluta libertad y no sentía dolor alguno en la cabeza. El gato yacía muy demuremente sobre mi casaca, que me había quitado, y miraba a las palomas con aire de despreocupación. Estas últimas, atadas por una pata para evitar su fuga, se empleaban a fondo en picotear unos granos de arroz esparcidos para ellas en el fondo de la barquilla. > > “A las seis y veinte, el barómetro señalaba una elevación de 26 400 pies, o cinco millas justas. El panorama parecía ilimitado. De hecho, resulta muy fácil calcular mediante la geometría esférica la gran extensión de la superficie terrestre que contemplaba. La superficie convexa de cualquier segmento de esfera es a toda la superficie de la esfera misma lo que el seno cenital del segmento al diámetro de la esfera. Pues bien, en mi caso, el seno cenital —es decir, el grosor del segmento debajo de mí— era aproximadamente igual a mi elevación, o a la elevación del punto de vista sobre la superficie. ‘Como cinco millas, entonces, a ocho mil’, expresaría la proporción del área de la tierra abarcada por mi vista. En otras palabras, contemplaba nada menos que la dieciseiscentésima parte de toda la superficie del globo. El mar se veía tan liso como un espejo, aunque mediante el catalejo podía percibir que se hallaba en un estado de violenta agitación. El barco ya no era visible, habiéndose alejado, al parecer, hacia el este. Comencé a experimentar entonces, a intervalos, un dolor

193