cuando la obra de venganza se completó. Los ocho cadáveres pendían de sus cadenas, una masa fétida, ennegrecida, espantosa e indistinguible. El tullido les arrojó su antorcha, trepó sin prisa hasta el techo y desapareció por la claraboya.
Se supone que Trippetta, apostada en el tejado del salón, había sido la cómplice de su amigo en su ardiente venganza, y que, juntos, lograron escapar a su propio país; pues ninguno de los dos volvió a ser visto.