Registramos el cadáver muy cuidadosamente en busca de las aberturas habituales a través de las cuales se extraen las entrañas, pero, para nuestra sorpresa, no pudimos descubrir ninguna.
Ningún miembro del grupo tenía conocimiento en aquel período de que no es infrecuente encontrar momias enteras o sin abrir. Era costumbre extraer el cerebro por la nariz; los intestinos, a través de una incisión en el costado; luego el cuerpo era rasurado, lavado y salado; después se dejaba reposar durante varias semanas, momento en el cual comenzaba la operación de embalsamamiento propiamente dicha.
Como no se encontró rastro alguno de abertura, el doctor Ponnonner se disponía a preparar sus instrumentos para la disección, cuando observé que ya pasaban de las dos.
A raíz de esto se acordó posponer el examen interno hasta la noche siguiente; y ya nos disponíamos a separarnos por el momento, cuando alguien sugirió un experimento o dos con la pila voltaica.
La aplicación de electricidad a una momia de tres o cuatro mil años de antigüedad al menos era una idea, si no muy juiciosa, lo bastante original, y todos la captamos al instante. Con un décimo de seriedad y nueve décimos de broma, instalamos una pila en el estudio del doctor y llevamos allí al egipcio.
Solo tras muchos esfuerzos logramos dejar al descubierto algunas porciones del músculo temporal que parecían de una rigidez menos pétrea que otras partes del cuerpo, pero que, como naturalmente habíamos previsto, no dieron indicación alguna de susceptibilidad galvánica al entrar en contacto con el cable.