un asesinato como el que aquí se supone, hubiesen arrojado el cadáver sin un peso que lo hundiera, cuando una precaución semejante se habría podido tomar con tanta facilidad’. ¡Observad aquí la risible confusión de ideas! Nadie —ni siquiera L’Etoile— discute el asesinato cometido en el cuerpo encontrado. Las señales de violencia son demasiado obvias. El objetivo de nuestro razonador es meramente demostrar que este cuerpo no es el de Marie. Desea probar que Marie no ha sido asesinada, no que el cadáver no lo fuera. Sin embargo, su observación prueba solo este último punto. He aquí un cadáver sin un peso atado. Los asesinos, al arrojarlo, no habrían dejado de atarle un peso. Por lo tanto, no fue arrojado por asesinos. Esto es todo lo que se prueba, si es que se prueba algo. La cuestión de la identidad ni siquiera se aborda, y L’Etoile se ha tomado grandes molestias meramente para refutar ahora lo que había admitido solo un momento antes. ‘Estamos plenamente convencidos’, dice, ‘de que el cuerpo encontrado era el de una mujer asesinada’”.
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El misterio de Marie Rogêt
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