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nydus/Short FictionPublic
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La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall

cualquier clase, me llamó la atención a primera vista como el rasgo más extraordinario de su condición geológica. Mas, por extraño que parezca, contemplé vastas regiones llanas de cariz decididamente aluvial, aunque la mayor porción del hemisferio a la vista estaba cubierta de innumerables montañas volcánicas, de forma cónica y con un aspecto más de protuberancias artificiales que naturales. La más alta de ellas no supera las tres millas y tres cuartos de elevación perpendicular; pero un mapa de los distritos volcánicos de los Campos Flégreos proporcionaría a Vuestras Excelencias una idea mejor de su superficie general que cualquier indigna descripción que tenga a bien intentar. La mayor parte de ellas se hallaban en estado de evidente erupción y me hacían comprender con pavor su furia y su poder mediante los truenos repetidos de los mal llamados aerolitos, que ascendían ahora junto al globo con una frecuencia cada vez más aterradora. > > “ 18 de abril . Hoy hallé un incremento enorme en el volumen aparente de la luna, y la velocidad evidentemente acelerada de mi descenso empezó a llenarme de alarma. Se recordará que, en la etapa más temprana de mis especulaciones sobre la posibilidad de un viaje a la luna, la existencia en su vecindad de una atmósfera densa en proporción al volumen del planeta había entrado de lleno en mis cálculos; y esto a pesar de muchas teorías en contra y, puede añadirse, a pesar de la incredulidad general en la existencia de cualquier atmósfera lunar. Pero, además de lo ya argüido con respecto al cometa de Encke y la luz zodiacal, me había fortalecido en mi opinión ciertas observaciones del señor Schroeter, de Lilienthal. Este observó la luna cuando tenía dos días y medio de edad, al atardecer poco después de

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