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nydus/Short FictionPublic
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Las gafas

Ya fuere por la extensión o por la naturaleza de este discurso, el efecto que produjo en la señora Simpson fue el de excitarla hasta alcanzar una pasión de lo más extraordinaria; y al terminarlo, con gran esfuerzo, se levantó de su silla como si estuviera endemoniada, dejando caer al suelo un universo entero de miriñaque al incorporarse.

Una vez de pie, rechinó las encías, blandió los brazos, se remangó, me sacudió el puño en la cara y concluyó la representación arrancándose la cofia de la cabeza y, con ella, una peluca inmensa del más valioso y hermoso pelo negro, arrojándolo todo al suelo con un alarido, para luego pisotearlo y bailar un fandango encima, en un éxtasis y una agonía de absoluta furia.

Mientras tanto, me dejé caer atónito en la silla que ella acababa de dejar vacía. > «¡Moissart y Voissart! —repetí, pensativo, mientras ella ejecutaba uno de sus saltos de pichón—, ¡y Croissart y Froissart! —mientras completaba otro— ¡Moissart y

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