“El enigma, hasta ese punto, ya estaba resuelto. El asesino había escapado por la ventana que daba a la cama. Al cerrarse por su propia inercia al salir él (o tal vez cerrado adrede), había quedado asegurado por el resorte; y la retención de este resorte era lo que la policía había tomado por la del clavo, considerándose innecesaria, por lo tanto, una investigación más profunda.
—La siguiente cuestión es la del modo de descenso. Sobre este punto yo ya me había formado una idea durante nuestro paseo alrededor del edificio. A cosa de cinco pies y medio de la ventana en cuestión corre un pararrayos. Desde este pararrayos le habría sido imposible a cualquiera alcanzar la ventana misma, por no hablar de entrar en ella. Observé, sin embargo, que los contrapesos del cuarto piso eran de esa clase peculiar que los carpinteros parisienses llaman ferrades, un tipo rara vez empleado hoy en día, pero que se ve frecuentemente en mansiones muy antiguas de Lyon y Burdeos. Tienen la forma de una puerta ordinaria (una puerta de una sola hoja, no de doble hoja), excepto que la mitad inferior está enrejada o elaborada con calados abiertos, lo que ofrece un excelente punto de apoyo para las manos. En el presente caso, estos contrapesos tienen exactamente tres pies y medio de ancho. Cuando los vimos desde la parte trasera