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nydus/Short FictionPublic
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Nunca apuestes tu cabeza al diablo

Luego repitió la operación con el izquierdo. Luego los cerró ambos con mucha fuerza. Luego los abrió tanto que comencé a alarmarme seriamente por las consecuencias. A continuación, aplicándose el pulgar a la nariz, tuvo a bien hacer un movimiento indescriptible con el resto de los dedos. Finalmente, empinando los codos, se dignó a responder.

Solo puedo recordar los puntos principales de su discurso.

  • Me agradecería que tuviera la gentileza de callarme la boca.
  • No quería ninguno de mis consejos.
  • Despreciaba todas mis insinuaciones.
  • Era lo bastante mayor como para cuidarse solo.

¿Seguía considerándolo un mocoso, joder? ¿Pretendía insinuar algo en contra de su honor? ¿Tenía la intención de insultarlo? ¿Era yo un imbécil? ¿Estaba mi señora madre al tanto, en una palabra, de mi ausencia de la residencia domiciliar?

Me plantearía esta última pregunta como a un hombre veraz, y se comprometería a atenerse a mi respuesta.

Una vez más, exigiría saber explícitamente si mi madre sabía que yo andaba en la calle. Mi confusión, decía, me delataba, andaría dispuesto a jugarse la cabeza con el Diablo a que no era así.

El señor Maldito no esperó mi réplica. Dando media vuelta, abandonó mi presencia con una precipitación poco digna. Bien por él que lo hiciera. Mis sentimientos habían sido heridos. Incluso mi cólera se había despertado. Por una vez le habría aceptado su apuesta insultante. Había ganado para el Archienemigo la pequeña cabeza del señor Maldito —pues el hecho es que mi mamá estaba muy al corriente de mi ausencia meramente temporal del hogar.

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