ello con tan exquisita precisión que en todas las copias no se habría hallado una sola que difiriera de otra por el grosor del más fino cabello. Esta cosa era de prodigiosa fuerza, de modo que erigía o derribaba los más poderosos imperios con un solo soplo; pero sus poderes se ejercían por igual para el mal y para el bien.’ ”
—¡Ridículo! —dijo el rey.
« “Entre esta nación de nigromantes había también uno que tenía en las venas la sangre de las salamandras, pues no tenía ningún escrúpulo en sentarse a fumar su chibuj en un horno al rojo vivo hasta que su cena estuviera perfectamente asada en el suelo del mismo. Otro tenía la facultad de convertir los metales comunes en oro, sin siquiera mirarlos durante el proceso. Otro tenía una finura de tacto tal que fabricó un alambre tan delgado que era invisible. Otro tenía una agilidad de percepción tal que contaba todos los movimientos separados de un cuerpo elástico, mientras este vibraba hacia adelante y hacia atrás a razón de novecientos millones de veces por segundo.” »
—¡Absurdo! —dijo el rey.
“ ‘Otro de estos magos, por medio de un fluido que jamás nadie ha visto, podía hacer que los cadáveres de sus amigos blandieran los brazos, estiraran las piernas, pelearan o incluso se levantaran y bailaran a su voluntad. Otro había cultivado su voz hasta tal punto que se habría hecho oír desde un confín del mundo hasta el otro. Otro tenía el brazo tan largo que podía sentarse en Damasco y redactar una carta en Bagdad—o, en verdad, a cualquier distancia imaginable. Otro le ordenaba al relámpago que bajara a él desde los cielos, y este acudía a su llamada, y le servía de juguete una vez que llegaba. Otro tomaba dos sonidos fuertes y de ellos hacía un silencio.