el de ir gateando— a los que se han atrevido a confinar al Alma, que no ama nada tanto como volar.
A propósito, mi querido amigo, ¿no crees que a estos antiguos dogmáticos les habría desconcertado determinar por cuál de sus dos caminos se alcanzó, en efecto, la más importante y sublime de todas sus verdades? Me refiero a la verdad de la Gravitación. Newton se la debió a Kepler. Kepler admitió que sus tres leyes fueron adivinadas —estas tres leyes de todas las leyes que llevaron al gran matemático inglitch a su principio, la base de todo principio físico, para ir más allá del cual debemos entrar en el Reino de la Metafísica—: Kepler adivinó, es decir, imaginó. Era esencialmente un “teorizador”, esa palabra hoy de tanta santidad, antiguamente un epíteto de desprecio. ¿No les habría desconcertado también a estos viejos topos explicar por cuál de los dos “caminos” un criptógrafo descifra un criptograma de más de la habitual reserva, o por cuál de los dos caminos guio Champollion a la humanidad hacia esas duraderas y casi innumerables verdades que resultaron de su desciframiento de los Jeroglíficos?
Una palabra más sobre este tema y habré terminado de aburrirles. ¿No resulta extraordinario que, con su eterna verborrea sobre los caminos hacia la Verdad, esta gente intolerante pasara por alto lo que ahora percibimos tan claramente como la gran autopista: la de la Consistencia? ¿No parece singular que no lograran deducir de las obras de Dios el hecho vital de que una consistencia perfecta debe ser una verdad absoluta? ¡Qué evidente ha sido nuestro progreso desde el reciente anuncio de esta proposición! La investigación ha sido arrancada de las manos de los topos y encomendada, como tarea, a los verdaderos y únicos pensadores verdaderos, los hombres de ardiente imaginación. Estos últimos teorizan . ¿No alcanzan a imaginar el grito de desdén con el que mis palabras serían recibidas por nuestros antepasados si les fuera posible estar ahora mirando por encima de mi hombro? Estos hombres, digo, teorizan ; y sus teorías son simplemente corregidas, reducidas,