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nydus/Short FictionPublic
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El cuento mil y segundo de Scheherazade

«—A medida que la cosa se acercaba la vimos con mucha distinción. Su longitud era igual a la de tres de los árboles más altos que crecen, y era tan ancha como la gran sala de audiencias de vuestro palacio, ¡oh, sublime y munificiente de los califas! Su cuerpo, que no se parecía al de los peces ordinarios, era tan sólido como una roca, y de una negrura de azabache en toda aquella porción del mismo que flotasé por encima del agua, con la excepción de una estrecha raya rojo sangre que lo ceñía por completo. El vientre, que flotaba bajo la superficie, y del cual solo podíamos captar un vislumbre de vez en cuando a medida que el monstruo subía y bajaba con las olas, estaba enteramente cubierto de escamas metálicas, de un color semejante al de la luna con tiempo brumoso. El dorso era plano y casi blanco, y de él se extendían hacia arriba más de seis espinas, de una longitud aproximada a la mitad de todo el cuerpo.

“—La horrible criatura no tenía boca que pudiéramos percibir; pero, como para compensar esta deficiencia, estaba provista de al menos ochenta ojos, que sobresalían de sus órbitas como los de la libélula verde, y estaban dispuestos alrededor de todo el cuerpo en dos hileras, una encima de la otra, y paralelas a la raya rojo sangre, que parecía cumplir la función de ceja. Dos o tres de estos espantosos ojos eran mucho más grandes que los demás, y tenían la apariencia de oro macizo.

“Aunque esta bestia se nos acercó, como he dicho antes, con la mayor rapidez, debía de estar movida enteramente por nigromancia, pues no tenía ni aletas como un pez, ni patas membranosas como un pato, ni alas como la concha marina que se impulsa a la manera de una embarcación; ni tampoco se arrastraba retorciéndose como hacen las anguilas. Su cabeza y su cola tenían exactamente la misma forma, solo que, no lejos de esta última, había dos pequeños agujeros que servían de fosas nasales, y a través de los cuales el monstruo expulsa su aliento espeso con prodigiosa violencia y con un ruido chillón y desagradable.

“‘Nuestro terror al contemplar esta cosa espantosa fue muy grande, pero se vio superado con creces por nuestro asombro cuando, al acercarnos

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