brevedad posible, una explicación de lo ocurrido esta noche en sus habitaciones. En caso de que usted rechace esta petición, el señor P. tendrá el gusto de acordar, con cualquier amigo que usted designe, los pasos previos a un
No sabiendo qué mejor hacer, visité a Ritzner con esta epístola. Hizo una reverencia al presentársela; luego, con rostro grave, me indicó que tomará asiento. Habiendo leído el cartel, escribió la siguiente respuesta, que llevé a Hermann.
«Señor: —Por medio de nuestro amigo común, el señor P., he recibido su esquela de esta tarde. Tras la debida reflexión, admito francamente la pertinencia de la explicación que sugiere. Admitido esto, sigo hallando gran dificultad (debido a la naturaleza sutilmente peculiar de nuestro desacuerdo, y de la afrenta personal inferida por mi parte) en redactar lo que tengo que decir a modo de disculpa, de tal modo que satisfaga todas las exigencias minuciosas, y todas las sombras variables, del caso. Confío en gran medida, sin embargo, en esa extrema delicadeza de discernimiento, en asuntos concernientes a las reglas de la etiqueta, por la cual usted ha sido tan prolongada y preeminentemente distinguido. Con la absoluta certeza, por lo tanto, de ser comprendido, le ruego, en lugar de ofrecer cualquier parecer propio, remitirle a las opiniones del Sieur Hedelin, tal como se exponen en el noveno párrafo del capítulo de “Injuriae per applicationem, per constructionem, et per se”, en su Duelli Lex scripta, et non; aliterque. La agudeza de su discernimiento en todos los asuntos aquí tratados será suficiente, estoy seguro, para convencerle de que la mera circunstancia de remitirle a este admirable pasaje debe satisfacer su petición de explicación, como hombre de honor.