CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Short FictionPublic
Página 890 de 1178
Table of Contents

El Ángel de lo Insólito

simplemente deslizé mis extremidades inferiores por las mangas de mi abrigo, y me dispuse a perseguir al felon con toda la agilidad que el caso requería y sus circunstancias permitían. Pero mi mal destino me seguía acompañando. Mientras corría a toda velocidad, con la nariz en el aire y atento únicamente al ladrón de mi propiedad, percibí de repente que mis pies ya no pisaban terra firma; el caso es que me había precipitado por un abismo, y sin duda me habría hecho añicos de no ser por mi buena fortuna al asir el extremo de una larga cuerda guía, que pendía de un globo aerostático que pasaba.

Tan pronto como recuperé los sentidos lo suficiente como para comprender la terrible situación en la que me encontraba —o más bien pendía—, ejercité toda la potencia de mis pulmones para hacer dicha situación patente al aeronauta que iba arriba. Pero durante mucho tiempo me esforcé en vano. O el tonto no podía, o el bellaco no quería percatarse de mí.

Entretanto el aparato se elevaba con rapidez, mientras mis fuerzas decayero aún con mayor rapidez. Pronto estuve a punto de resignarme a mi destino, y de caer silenciosamente al mar, cuando mis ánimos se vieron de súbito reanimados al escuchar una voz hueca desde las alturas, que parecía tararear perezosamente una aria de ópera.

Mirando hacia arriba, percibí al Ángel de lo Insólito. Estaba asomado, con los brazos cruzados, sobre el borde de la barquilla; y con una pipa en la boca, de la que exhalaba caladas pausadamente, parecía encontrarse en excelentes relaciones consigo mismo y con el universo. Estaba demasiado agotado para hablar, así que me limité a mirarlo con aire implorante.

Durante varios minutos, aunque me miraba fijamente a los ojos, no dijo nada.

Al fin, apartando con cuidado su pipa de espuma de mar del rincón derecho al izquierdo de su boca, se dignó a hablar.

890