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nydus/Short FictionPublic
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La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall

atmósfera superior. Aproveché luego la noche para trasladar a un paraje solitario al este de Róterdam cinco barricas zunchadas de hierro, con una capacidad de unas cincuenta galones cada una, y otra de mayor tamaño; seis tubos de hojalata de tres pulgadas de diámetro, debidamente moldeados y de diez pies de longitud; cierta cantidad de una sustancia metálica particular, o semimetal, que no nombraré, y una docena de damajuanas de un ácido muy común. El gas que ha de formarse a partir de estos últimos materiales es un gas que jamás ha generado ninguna otra persona aparte de mí, o que al menos nunca se ha aplicado a un fin semejante. Solo me atrevo a decir aquí que es un constituyente del ázoe, considerado irreducible durante tanto tiempo, y que su densidad es unas 37,4 veces menor que la del hidrógeno. Es insípido, pero no inodoro; arde, cuando está puro, con una llama verdosa y es instantáneamente mortal para la vida animal. No tendría inconveniente en revelar su secreto por completo, de no ser porque pertenece por derecho (como ya he insinuado) a un ciudadano de Nantes, en Francia, quien me lo comunicó de forma condicionada. El mismo individuo me sometió, sin percatarse en absoluto de mis intenciones, un método para construir globos con la membrana de cierto animal, a través de la cual la fuga de gas era casi imposible. Hallé, con todo, que resultaba demasiado caro y no estaba seguro, sopesándolo todo, de que la muselina de cambric con una capa de goma de caucho no fuera igual de buena. Menciono esta circunstancia porque considero probable que en el futuro el individuo en cuestión intente una ascensión en globo con el gas y el material novedosos de los que he hablado, y no deseo privarle del honor de un invento tan singular. > > “En el lugar exacto que pretendía que ocupara cada una de las

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