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nydus/Short FictionPublic
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Por qué el pequeño francés lleva el brazo en cabestrillo

calle, y que se pasa el día entero mirándome y relamiéndome (¡y que la mala suerte lo acompañe!), a la bonita viuda, la señora Tracle, que es mi propia vecina de al lado (¡Dios la bendiga!) y una amiguísima y conocida muy particular? ¿Se percatan de que el pequeño granuja anda algo alicaído y lleva la mano izquierda en cabestrillo, y es precisamente por esa misma razón, con su venia, por la que les voy a dar el buen motivo?

La verdá del asunto entero es bien sencilla; pues desde el primer día mismito que bajé de Connaught, y me lucí con mi dulce personita en la calle ante la viuda, que estaba mirando por la ventana, fue un caso perdido por completo para el corazón de la hermosa señora Tracle.

Lo noté, ya ven, de golpe y sin error, y esa es la santa verdad.

Primero de todo abrió la ventana en un santiamén, y luego abrió sus dos ojitos de par en par, y luego fue un pequeño catalejo de oro lo que se encajó bien fuerte en uno de ellos y que me condene el diablo si aquello no me habló tan claro como un ojo puede hablar, y decía, a través del catalejo:

“¡Och! ¡Muy buenos días tenga usted, sir Patrick O'Grandison, baronet, mavourneen; y es usted todo un apuesto caballero, no hay duda, y soy yo misma y mi fortuna los que estaremos a su servicio, mi vida, a cualquier hora del día y de la noche con solo pedirlo!”.

Y no iba a ser yo quien se dejara ganar en cortesía; así que le hice una reverencia que les habría roto el corazón por completo de haberla visto, y luego me quité el sombrero con un buen floreo, y luego le guiñé un ojo con fuerza a los dos, como queriendo decir: “Tan cierto como que eres una dulce criatura, señora Tracle, mi querida, y que ojalá me ahogue bien muerto en una ciénaga si no soy yo mismo, sir Patrick O'Grandison, baronet, el que le profese a su señoría un buen celemín de amor, en lo que parpadea una patata de Londonderry”.

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