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nydus/Short FictionPublic
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El Ángel de lo Insólito

—Digo —dijo él—, usté se debe de enborrachar como in puerco, por zentarze allí y no verme zentar a mí aquí; y digo, además, que debe de zer más tonto que in ganzo, por dezcreer lo que ezta imprezo en la imprezión. Ez la verdad —lo ez— cada palabra de ello.

—¿Quién es usted, por favor? —dije con mucha dignidad, aunque algo desconcertado—; ¿cómo ha llegado hasta aquí?, ¿y de qué está hablando?

—En cuanto a cómo vine aquí —respondió la figura—, eso no es asunto suyo; y en cuanto a de qué estoy hablando, hablo de lo que me parece oportuno; y en cuanto a quién soy, pues eso es precisamente a lo que he venido para que lo vea por usted mismo.

—Eres un borracho vagabundo —le dije—, y voy a tocar la campana y ordenar a mi lacayo que te eche a patadas a la calle.

—¡Je! ¡je! ¡je! —dijo el sujeto—, ¡ju! ¡ju! ¡ju!, eso no lo puedes hacer.

“¡No puedo!”, dije yo, “¿qué quiere decir?⁠—¿qué es lo que no puedo?”.

—Ring de pell —respondió, intentando esbozar una sonrisa con su pequeña y maquiavélica boca.

Sobre esto hice un esfuerzo por levantarme, con el fin de poner mi amenaza por obra; pero el rufián simplemente se estiró sobre la mesa con toda calma, y dándome un golpecito en la frente con el cuello de una de las botellas largas, me devolvió al sillón del que medio me había levantado.

Estaba completamente atónito; y, por un momento, no supe qué hacer. Mientras tanto, él continuó su charla.

—Verá usted —dijo éll—, es lo mejó para estate quieto; y ahora sabrá quién soy yo. ¡Mire usted! ¡vea! ¡Yo soy el Ángel de lo Insólito!

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