Entre el segundo y el tercer estuche no había ningún intervalo; el uno encajaba con precisión dentro del otro.
Retirando el tercer estuche, descubrimos y sacamos el cuerpo mismo. Habíamos esperado encontrarlo, como de costumbre, envuelto en frecuentes rollos, o vendas, de lino; pero, en lugar de esto, hallamos una especie de vaina, hecha de papiro, y recubierta con una capa de yeso, gruesamente dorada y pintada.
Las pinturas representaban temas relacionados con los diversos deberes supuestos del alma, y su presentación a diferentes divinidades, con numerosas figuras humanas idénticas, destinadas, muy probablemente, a ser retratos de las personas embalsamadas.
Extendiéndose de la cabeza a los pies había una inscripción columnar, o perpendicular, en jeroglíficos fonéticos, que daba nuevamente su nombre y títulos, y los nombres y títulos de sus parientes.
Alrededor del cuello así enfundado, había un collar de cuentas cilíndricas de vidrio, de diversos colores, y