CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Short FictionPublic
Página 405 de 1178
Table of Contents

William Wilson

Y una y otra vez, en secreta comunión con mi propio espíritu, me hacía las preguntas: «¿Quién es él?, ¿de dónde viene?, ¿y cuáles son sus propósitos?». Mas no hallaba respuesta alguna. Y entonces examiné, con minucioso escrutinio, las formas, los métodos y los rasgos principales de su impertinente vigilancia. Pero aun aquí había muy poco sobre lo cual basar una conjetura. Era digno de mención, en verdad, que, en ninguna de las múltiples ocasiones en que últimamente se había cruzado en mi camino, lo había hecho sino para frustrar aquellos planes o perturbar aquellas acciones que, de haberse llevado a cabo por completo, habrían podido resultar en amargo perjuicio. ¡Pobre justificación esta, a la verdad, para una autoridad asumida con tanta arrogancia! ¡Pobre indemnización por los derechos naturales de libre albedrío tan obstinada, tan insultantemente negados!

También me había visto obligado a notar que mi atormentador, durante muchísimo tiempo (mientras mantenía escrupulosa y con milagrosa destreza su capricho de ir vestido exactamente igual que yo), se las había ingeniado de tal modo, al ejecutar sus diversas intromisiones en mi voluntad, que yo no viera en ningún momento los rasgos de su rostro. Fuera Wilson quien fuese, aquello, al menos, no pasaba de ser la más pura afectación o necedad. ¿Habría podido suponer ni por un instante que en mi monitor de Eton, en el destructor de mi honor en Oxford, en aquel que frustró mi ambición en Roma, mi venganza en París, mi amor apasionado en Nápoles, o lo que él llamaba falsamente mi avaricia en Egipto; que en este, mi archienemigo y mal genio, dejaría yo de reconocer al William Wilson de mis días escolares, al homónimo, al compañero, al rival, al odiado y temido rival de la casa del doctor Bransby? ¡Imposible! Pero apresurémonos hacia la última y fatídica escena del drama.

405