gradualmente hasta alcanzar su anchura actual—una milla. La longitud total de la isla es de nueve millas; la anchura varía considerablemente. Toda el área (según dice Pundit) estaba, hace unos ochocientos años, densamente repleta de casas, algunas de ellas de veinte pisos de altura; considerándose el suelo (por alguna razón de todo punto inexplicable) como especialmente precioso precisamente en esta vecindad. El desastroso terremoto, sin embargo, del año 2050, desarraigó y sepultó de tal modo la ciudad (pues era casi demasiado grande para llamarla aldea) que los más indefatigables de nuestros anticuarios jamás han podido obtener del lugar datos suficientes (en forma de monedas, medallas o inscripciones) con los que construir ni siquiera el fantasma de una teoría acerca de las costumbres, usos, etc., etc., etc., de los habitantes aborígenes. Casi todo lo que hasta ahora hemos sabido de ellos es que formaban parte de la tribu de salvajes de los Knickerbocker que infestaba el continente en el momento de su descubrimiento por Recorder Riker, caballero del Toisón de Oro. No estaban de ningún modo incivilizados, sin embargo, sino que cultivaban diversas artes e incluso ciencias a su manera. Se cuenta de ellos que eran agudos en muchos aspectos, pero padecían extrañamente de una monomanía por construir lo que, en el antiguo amriccano, se denominaba «iglesias»—una especie de pagoda instituida para el culto de dos ídolos que respondían a los nombres de Riqueza y Moda. Al final, se dice, la isla se convirtió, en sus nueve décimas partes, en iglesia. Las mujeres, también, al parecer, estaban extrañamente deformadas por una protuberancia natural en la región situada justo debajo de las lumbares—aunque, de forma de todo punto inexplicable, esta deformidad era considerada enteramente bajo el prisma de la belleza. De hecho, uno o dos retratos de estas singulares mujeres se han conservado milagrosamente. Tienen un aspecto muy extraños, muy parecido —a medio camino entre un pavo y un dromedario.
Pues bien, estos escasos detalles son casi todo lo que ha llegado hasta nosotros respecto a los antiguos Knickerbockers. Parece, sin embargo, que mientras cavaban en el centro del jardín del emperador (que, como