CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Short FictionPublic
Página 194 de 1178
Table of Contents

La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall

agudo en la cabeza, sobre todo alrededor de las orejas —siguiendo, no obstante, con una respiración tolerablemente libre—. El gato y las palomas no parecían sufrir incomodidad alguna. > > “A las siete menos veinte, el globo penetró en una larga serie de nubes densas que me causaron grandes apuros al estropear mi aparato condensador y empaparme hasta los huesos. Este era, desde luego, un encuentro singular, pues no creía posible que un nubarrón de tal naturaleza pudiera sostenerse a tan gran elevación. Creí mejor, con todo, arrojar dos piezas de lastre de cinco libras, reservando aún un peso de ciento sesenta y cinco libras. Al hacerlo, superé pronto la dificultad e inmediatamente percibí que había obtenido un gran incremento en mi ritmo de ascenso. A los pocos segundos de abandonar la nube, un destello de relámpago vívido saltó de un extremo a otro de la misma, haciendo que se encendiera a lo largo y ancho de su vasta extensión como una masa de carbón encendido e incandescente. Esto, debe recordarse, sucedía a plena luz del día. Ninguna fantasía puede pintar la sublimidad que habría exhibido un fenómeno semejante acaecido en medio de la oscuridad de la noche. El infierno mismo habría podido resultar una imagen adecuada. Tal como estaban las cosas, se me erizó el cabello mientras contemplaba allá a lo lejos, en las profundidades de abismos bostezantes, dejando que la imaginación descendiera, por decirlo así, y vagara por los extraños salones abovedados, los abismos rojizos y las simas rojas y macabras de aquel fuego horrible e inescrutable. Ciertamente me había librado por los pelos. Si el globo hubiera permanecido un instante más dentro de la nube —es decir, si la incomodidad de haberme mojado no

194