CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Short FictionPublic
Página 632 de 1178
Table of Contents

El misterio de Marie Rogêt

sin esfuerzo. Es evidente, sin embargo, que las gravedades del cuerpo y del volumen de agua desplazado están muy finamente equilibradas, y que una minucia hará que una u otra sea la que predomine. Un brazo, por ejemplo, alzado fuera del agua, y privado así de su soporte, es un peso adicional suficiente para sumergir toda la cabeza, mientras que la ayuda accidental del trozo de madera más pequeño nos permitirá elevar la cabeza para poder mirar a nuestro alrededor. Ahora bien, en los forcejeos de alguien no acostumbrado a nadar, los brazos se levantan invariablemente, al tiempo que se intenta mantener la cabeza en su posición perpendicular habitual. El resultado es la inmersión de la boca y los fosas nasales, y la entrada de agua en los pulmones, durante los esfuerzos por respirar bajo la superficie. Gran parte de ella penetra también en el estómago, y el cuerpo entero se vuelve más pesado debido a la diferencia entre el peso del aire que dilataba originalmente estas cavidades y el del fluido que ahora las llena. Esta diferencia es suficiente para hacer que el cuerpo se hunda, por regla general; pero resulta insuficiente en el caso de individuos con huesos pequeños y una cantidad anormal de tejido flácido o adiposo. Tales individuos flotan aun después de ahogados.

“El cadáver, suponiéndoselo en el fondo del río, permanecerá allí hasta que, por algún medio, su gravedad específica vuelva a ser menor que la del volumen de agua que desplaza. Este efecto se produce por descomposición o por otros medios. El resultado de la descomposición es la generación de gas, que distiende los tejidos celulares y todas las cavidades, y otorga ese aspecto hinchado que resulta tan horrible. Cuando esta distensión ha avanzado tanto que el volumen del cadáver aumenta considerablemente sin un incremento correspondiente de su masa o peso, su gravedad específica se vuelve menor que la del agua desplazada y hace su aparición inmediata en la superficie. Pero la descomposición se ve modificada por innumerables circunstancias —es acelerada o retardada por innumerables agentes—; por ejemplo, por el calor o el frío de la estación, por la impregnación mineral o la pureza del

632