En el curso de la conversación, mi amigo citó algunos pasajes de un escritor sobre jardinería paisajística a quien se ha supuesto que ha tratado bien su tema:
“No hay propiamente más que dos estilos de jardinería paisajística: el natural y el artificial.
- El uno busca evocar la belleza original del campo, adaptando sus recursos al paisaje circundante, cultivando árboles en armonía con las colinas o la llanura de la tierra vecina; descubriendo y poniendo en práctica aquellas sutiles relaciones de tamaño, proporción y color que, ocultas al observador común, se revelan por doquier al experimentado estudioso de la naturaleza.
- El resultado del estilo natural de jardinería se aprecia más bien en la ausencia de todo defecto e incongruencia —en el predominio de una sana armonía y orden— que en la creación de maravillas o milagros especiales.
El estilo artificial tiene tantas variedades como gustos diferentes hay que satisfacer. Guarda cierta relación general con los diversos estilos de construcción. Están las majestuosas alamedas y retiros de Versalles; las terrazas italianas; y un variado y mixto estilo inglés antiguo, que guarda cierta relación con la arquitectura gótica doméstica o la isabelina inglesa.
Digase lo que se dijere en contra de los abusos de la jardinería paisajística artificial, una mezcla de arte puro en una escena de jardín le añade una gran belleza. Esto agrada a la vista en parte por la muestra de orden y diseño, y en parte por razones morales.
Una terraza, con una vieja balaustrada cubierta de musgo, evoca de inmediato ante los ojos las hermosas formas que por allí pasaron en otros días. La más mínima muestra de arte es testimonio de cuidado e interés humano.”