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nydus/Short FictionPublic
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Tú eres aquel varón

como si el hombre desaparecido hubiera sido su propio y querido hermano o padre, y se estremeció y tembló por completo como si le hubiera dado un ataque de paludismo.

Al principio estaba demasiado abrumado por el dolor como para poder hacer nada en absoluto, o idear ningún plan de acción; de modo que durante mucho tiempo se esforzó en disuadir a los demás amigos del señor Shuttleworthy de armar alboroto por el asunto, pues creía que lo mejor era esperar un tiempo —digamos una semana o dos, o un mes, o dos— para ver si surgía algo, o si el señor Shuttleworthy no regresaba de forma natural y explicaba los motivos por los que había enviado su caballo por delante. Me atrevo a decir que a menudo habéis observado esta tendencia a contemporizar, o a procrastinar, en personas que sufren una pena muy aguda. Sus facultades mentales parecen entorpecerse, de modo que sienten horror por cualquier cosa que se parezca a la acción, y no hay nada en el mundo que les guste tanto como quedarse quietos en la cama y «acariciar su pena», como se expresan las ancianas; es decir, rumiar el sufrimiento.

Los habitantes de Rattleborough tenían, en verdad, tan alta opinión de la sabiduría y la discreción del «viejo Charley», que la mayor parte de ellos se inclinaba a estar de acuerdo con él y a no armar revuelo en el asunto «hasta que surgiera algo», según la expresión del honrado viejo caballero; y creo que, después de todo, esa habría sido la decisión general, de no ser por la muy sospechosa injerencia del sobrino del señor Shuttleworthy, un joven de hábitos muy disipados y, por lo demás, de bastante mala conducta. Este sobrino, cuyo nombre era Pennifeather, no quiso escuchar razones en lo tocante a «permanecer tranquilos», sino que insistió en emprender una búsqueda inmediata del «cadáver del hombre asesinado». Tal fue la expresión de que se valió; y el señor Goodfellow comentó agudamente en aquel momento que era «una expresión singular, por no decir otra cosa».

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