en el tejido —si, por ejemplo, se trata de un pañuelo de bolsillo y se desea arrancar una tira de él—, entonces, y solo entonces, una sola fuerza servirá al propósito. Pero en el presente caso se trata de un vestido, que presenta un solo borde. Arrancar un trozo del interior, donde no se presenta ningún borde, solo podría lograrse mediante un milagro por la acción de las espinas, y ninguna espina por sí sola podría conseguirlo. Pero, aun cuando se presentara un borde, serían necesarias dos espinas, operando una de ellas en dos direcciones distintas y la otra en una. Y esto bajo el supuesto de que el borde no tenga dobladillo. Si lo tiene, el asunto está casi descartado. Vemos así los numerosos y grandes obstáculos que se oponen a que los trozos sean «arrancados» por la simple acción de las «espinas»; sin embargo, se nos exige creer no solo que un trozo, sino que muchos han sido arrancados de ese modo. «Y una parte —también— era el dobladillo del vestido». Otro trozo era «parte de la falda, no el dobladillo» —es decir, ¡había sido arrancado por completo por la acción de las espinas del interior libre del vestido! Estas, digo, son cosas que uno bien puede ser disculpado por no creer; sin embargo, tomadas en conjunto, forman quizás menos base razonable para la sospecha que la única y sorprendente circunstancia de que los objetos hayan sido dejados en este matorral por unos asesinos que tuvieron la precaución de pensar en retirar el cadáver. No me habréis comprendido bien, sin embargo, si suponéis que mi propósito es negar que este matorral haya sido el escenario del ultraje. Pudo haber un crimen aquí o, más posiblemente, un accidente en casa de Madame Deluc. Pero, de hecho, este es un punto de menor importancia. No estamos empeñados en un intento de descubrir el escenario, sino de dar con los perpetradores del asesinato. Lo que he aducido, a pesar de la minuciosidad con que lo he hecho, ha tenido como fin, primero, mostrar la insensatez de las afirmaciones tajantes y precipitadas de Le Soleil; pero segunda y principalmente, conduciros, por la ruta más natural, hacia una mayor reflexión sobre la duda de si este asesinato ha sido o no obra de una banda
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El misterio de Marie Rogêt
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