“Ni es este el único caso, ni siquiera en esta sección de su tema, en que nuestro razonador discurre inconscientemente en contra de sí mismo. Su evidente propósito, ya lo he dicho, es reducir lo más posible el intervalo entre la desaparición de Marie y el hallazgo del cadáver. Con todo, le vemos insistir en el punto de que nadie vio a la joven desde el momento en que salió de la casa de su madre.
«No tenemos pruebas —dice— de que Marie Rogêt estuviera en el mundo de los vivos después de las nueve de la mañana del domingo 22 de junio.»
Como su argumento es evidentemente parcial, debería al menos haber omitido esta cuestión; pues si se hubiera sabido que alguien vio a Marie, digamos el lunes o el martes, el intervalo en cuestión se habría reducido considerablemente y, según su propio raciocinio, habría disminuido mucho la probabilidad de que el cadáver fuera el de la grisette. No deja de ser divertido, sin embargo, observar que L’Etoile insiste en su punto en la firme creencia de que este favorece su argumento general.
“Repercuta ahora esa porción de este argumento que hace referencia a la identificación del cadáver por Beauvais. Respecto al pelo del brazo, L’Etoile ha sido obviamente poco sincero. M. Beauvais, sin ser un idiota, jamás podría haber alegado, para identificar el cadáver, simplemente el pelo de su brazo. Ningún brazo carece de pelo. La generalidad de la expresión de L’Etoile es una mera tergiversación de la fraseología del testigo. Debe de haber hablado de alguna peculiaridad en este pelo. Debió de ser una peculiaridad de color, de cantidad, de longitud o de situación.