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nydus/Short FictionPublic
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El hombre de la multitud

Esta última es una de las principales arterias de la ciudad, y había estado muy concurrida durante todo el día. Pero, al caer la oscuridad, la muchedumbre aumentó por momentos; y, para cuando las lámparas estuvieron bien encendidas, dos densas y continuas mareas de población pasaban corriendo frente a la puerta.

En este período particular de la tarde nunca antes me había hallado en una situación similar, y el tumultuoso mar de cabezas humanas me llenó, por lo tanto, con una deliciosa novedad de emoción. Abandoné, al fin, todo cuidado de las cosas del interior del hotel, y quedé absorto en la contemplación de la escena exterior.

Al principio mis observaciones tomaron un rumbo abstracto y generalizador. Miraba a los pasajeros en masa y pensaba en ellos en sus relaciones de conjunto.

Pronto, sin embargo, descendí a los detalles y contemplé con minucioso interés las innumerables variedades de figura, vestido, apostura, paso, semblante y expresión de la fisonomía.

Con mucho, la mayor parte de los que pasaban tenían un talante satisfecho y laborioso, y parecían pensar únicamente en abrirse paso entre la multitud. Tenían el entrecejo fruncido y los ojos inquietos; cuando los empujaban otros caminantes, no mostraban ningún síntoma de impaciencia, sino que se arreglaban la ropa y seguían apresurados. Otros, que constituían aún una numerosa clase, eran de movimientos inquietos, rostros encendidos, y hablaban y gesticulaban solos, como si se sintieran en la soledad debido a la densa compañía que los rodeaba. Cuando se veía impedido su avance, esta gente dejaba de musitar de repente, pero redoblaba sus gesticulaciones y aguardaba, con una sonrisa ausente y exagerada en los labios, a que pasaran quienes les obstruían el paso. Si los tropezaban, hacían profundas reverencias a los transeúntes y parecían abrumados por la confusión. No había nada muy distintivo en estas dos

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