detalles de la ciencia, si se les compara con los modernos, y más especialmente con los yanquis, enteramente a la superior solidez del cráneo egipcio”.
—Confieso de nuevo —replicó el Conde con mucha suavidad— que me cuesta un poco comprenderle; dígame, ¿a qué detalles de la ciencia alude usted?
Aquí todo nuestro grupo, uniendo sus voces, expuso en detalle y con gran extensión las hipótesis de la frenología y las maravillas del magnetismo animal.
Habiéndonos escuchado hasta el final, el Conde pasó a relatar algunas anécdotas que dejaban en evidencia que los prototipos de Gall y Spurzheim habían florecido y decaído en Egipto hacía tanto tiempo que ya casi se habían olvidado, y que las maniobras de Mesmer eran en verdad trucos muy desdeñables si se ponían en comparación con los milagros positivos de los savants tebanos, que creaban piojos y otras muchas cosas semejantes.