Wid that we wint aff to the widdy’s, next door, and ye may well say it was an illigant place; so it was.
There was a carpet all over the floor, and in one corner there was a forty-pinny and a jews-harp and the divil knows what ilse, and in another corner was a sofy, the beautifullest thing in all natur, and sitting on the sofy, sure enough, there was the swate little angel, Misthress Tracle.
—Muy buenos días tenga usted —le digo—, señora Tracle —, y luego hice una reverencia tan elegante que le habría dejado a uno completamente obnubilado el cerebro.
—Wully woo, pully woo, plump in the mud —dice el pequeño extranjero el francés—, y con seguridad, señora Tracle —dice—, que sí lo dijo, ¿no es este caballero de aquí ni más ni menos que su reverencia sir Patrick O’Grandison, baronit, y no es acaso, de arriba abajo y por completo, el amigo y conocido más particular que tengo en el houl mundo?
Y con eso la widdy, se levanta del sofy, y hace la más dulzura de reverencia que jamás se vio; y luego se sienta como un ángel; y luego, ¡voto a bríos!, fue que el pequeño spalpeen de Mounseer Maiter-di-dauns se endilgó derechito a sentarse a su lado derecho.
¡Och hon! ¡Me imaginaba que los dos ojos míos se me iban a salir de la cabeza en el acto, de tan rematadamente furioso que estaba!
Sin embargo, «¡Poco a poco!», digo yo al cabo de un rato. «¿Así que estás ahí, Mounseer Maiter-di-dauns?», y así me endisqué derechito en el lado izquierdo de su señoría, para estar a mano con el bellaco.
¡Qué fastidio! ¡A su corazón le habría sentado de maravilla notar el elegante doble parpadeo que le lancé mismamente en ese instante directo a la cara con los dos ojos!