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nydus/Short FictionPublic
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Los crímenes de la calle Morgue

narración un tanto peculiar unas observaciones muy al azar; aprovecharé, por tanto, la ocasión para afirmar que las facultades superiores del intelecto reflexivo se ocupan de manera más categórica y útil con el modesto juego de damas que con toda la elaborada frivolidad del ajedrez. En este último, donde las piezas tienen movimientos diferentes y bizarros, con valores diversos y variables, lo que es tan solo complejo se confunde (un error no inusual) con lo que es profundo. Aquí la atención se pone poderosamente en juego. Si flaquea por un instante, se comete un descuido que resulta en perjuicio o derrota. Al ser los movimientos posibles no solo múltiples sino enrevesados, las probabilidades de tales descuidos se multiplican; y en nueve de cada diez casos es el jugador más concentrado antes que el más agudo quien vence. En las damas, por el contrario, donde los movimientos son uniformes y tienen escasa variación, las probabilidades de inadvertencia disminuyen, y al quedar la mera atención comparativamente desocupada, las ventajas que cualquiera de las partes obtenga se deberán a un superior acumen. Para ser menos abstractos, supongamos una partida de damas en la que las piezas se reducen a cuatro reyes y donde, por supuesto, no cabe esperar ningún descuido. Es obvio que aquí la victoria solo puede decidirse (estando los jugadores más o menos igualados) mediante algún movimiento recherché, resultado de un vigoroso esfuerzo del intelecto. Privado de los recursos ordinarios, el analista se sumerge en el espíritu de su adversario, se identifica con él y no pocas vez discierne así, de un solo vistazo, los únicos métodos (a veces, en verdad, absurdamente simples) mediante los cuales puede seducir al error o precipitar en un mal cálculo.

El whist se ha destacado desde hace mucho tiempo por su influencia en lo que se denomina la facultad de cálculo; y se sabe que hombres del más alto orden intelectual han encontrado en él un deleite aparentemente inexplicable, mientras desdeñaban el ajedrez por considerarlo frívolo. Fuera de toda duda, no existe nada de naturaleza similar que exija tanto la facultad de análisis. El mejor jugador de ajedrez de la cristiandad puede ser poco más que el mejor jugador de ajedrez; pero la destreza en el whist

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