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nydus/Short FictionPublic
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La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall

cualquier clase de lo que había estado durante la última hora y cuarto de mi ascenso. La dificultad para respirar, empero, se redujo en un grado muy escaso y comprendí que pronto sería del todo necesario hacer uso de mi condensador. Entre tanto, al mirar hacia el gato, que volvía a estar plácidamente acurrucado sobre mi casaca, descubrí con infinito asombro que había aprovechado mi indisposición para dar a luz una camada de tres gatitos. Esto constituía una adición al número de pasajeros por mi parte totalmente inesperada; pero me alegró el suceso. Me brindaría la oportunidad de someter a una especie de prueba la verdad de una suposición que, más que ninguna otra cosa, me había influido al intentar esta ascensión. Había imaginado que la tolerancia habitual a la presión atmosférica en la superficie de la tierra era la causa, o poco menos, del dolor que acompaña a la existencia animal a cierta distancia por encima de la superficie. Si se comprobaba que los gatitos sufrían malestar en igual medida que su madre, tendría que considerar mi teoría errónea, mas de no suceder así lo vería como una firme confirmación de mi idea. > > “A las ocho había alcanzado en realidad una altitud de diecisiete millas por encima de la superficie de la tierra. Se me hacía evidente de este modo que mi ritmo de ascenso no solo iba en aumento, sino que la progresión habría resultado perceptible de manera leve aun de no haber descargado el lastre que hube de soltar. Los dolores en la cabeza y los oídos reaparecían a intervalos con violencia, y seguía sangrando de vez en cuando por la nariz; pero, a fin de cuentas, sufrí mucho menos de lo cabría haber aguardado. Respiraba,

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