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nydus/The Wealth of NationsPublic
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V. Del precio real y nominal de las mercancías, o de su precio en trabajo y de su precio en dinero

Debemos en este caso comparar, no tanto las diferentes cantidades de plata por las que comúnmente se vendía, como las diferentes cantidades de trabajo que esas diferentes cantidades de plata habrían podido adquirir. Pero los precios corrientes del trabajo en tiempos y lugares remotos difícilmente pueden conocerse con algún grado de exactitud. Los del grano, aunque en pocos lugares se han registrado con regularidad, son por lo general mejor conocidos y han sido más frecuentemente tenidos en cuenta por los historiadores y otros escritores. Debemos, por lo general, conformarnos con ellos, no por estar siempre en la misma proporción exacta que los precios corrientes del trabajo, como por ser la aproximación más cercana que comúnmente puede obtenerse a dicha proporción. Tendré ocasión más adelante de hacer varias comparaciones de este tipo.

En el desarrollo de la industria, las naciones comerciales han estimado conveniente acuñar varios metales diferentes para convertirlos en dinero: oro para los pagos mayores, plata para las compras de valor moderado, y cobre, u otro metal burdo, para aquellas de consideración aún menor.

Siempre han considerado, sin embargo, a uno de esos metales más particularmente como la medida del valor que a cualquiera de los otros dos; y esta preferencia parece haberse otorgado por lo general al metal que casualmente comenzaron a utilizar primero como instrumento de comercio.

Habiendo empezado una vez a usarlo como su patrón, lo cual debieron de hacer cuando no tenían otro dinero, por lo general han continuado haciéndolo así aun cuando la necesidad ya no fuera la misma.

Se dice que los romanos no tuvieron más que moneda de cobre hasta cinco años antes de la primera guerra púnica, momento en el que

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