En los países, por el contrario, donde no hay tierras sin cultivar, o no se pueden conseguir en condiciones favorables, todo artesano que ha adquirido más capital del que puede emplear en los trabajos ocasionales de la vecindad, se esfuerza por preparar obras para una venta más lejana.
El herrero establece algún tipo de taller de hierro, el tejedor de manufactura de lino o lana. Esas diferentes manufacturas llegan, con el tiempo, a subdividirse gradualmente y, por tanto, a mejorarse y refinarse de una gran variedad de maneras, que pueden concebirse fácilmente y que, por consiguiente, es innecesario explicar más a fondo.
En la búsqueda de empleo para un capital, las manufacturas son, con beneficios iguales o casi iguales, preferidas de manera natural al comercio exterior, por la misma razón que la agricultura es preferida de manera natural a las manufacturas. Así como el capital del terrateniente o del agricultor es más seguro que el del fabricante, el capital del fabricante, al estar en todo momento más a la vista y bajo su control, es más seguro que el del comerciante extranjero. En todo periodo, en verdad, de cualquier sociedad, la parte excedente de los productos tanto brutos como manufacturados, o aquella para la cual no hay demanda en el país, debe ser enviada al exterior para ser intercambiada por algo para lo cual sí haya alguna demanda en el país. Pero si el capital que transporta este producto excedente al extranjero es extranjero o nacional, tiene muy poca importancia. Si la sociedad no ha adquirido el capital suficiente tanto para cultivar todas sus tierras como para manufacturar de la manera más completa la totalidad de su producto bruto, existe incluso una ventaja considerable en que dicho producto bruto sea exportado por un capital extranjero, con el fin de que todo el caudal de la sociedad pueda emplearse en fines más útiles.