su trabajo es evidentemente mayor en el segundo que en el primero —que sus tierras están mejor cultivadas, sus manufacturas son más numerosas y prósperas, y su comercio más extenso—, podemos tener la certeza de que su capital ha tenido que aumentar durante el intervalo entre ambos periodos, y de que se le ha añadido más por la buena gestión de algunos de lo que se le ha detraído, ya sea por la mala conducta privada de otros o por la extravagancia pública del gobierno. Pero comprobaremos que este ha sido el caso en casi todas las naciones, en todos los tiempos razonablemente tranquilos y pacíficos, incluso en aquellas que no han disfrutado de los gobiernos más prudentes y parcimoniosos. Para formarnos un juicio acertado al respecto, en verdad, debemos comparar el estado del país en periodos algo distantes entre sí. El progreso es con frecuencia tan gradual que, entre periodos cercanos, la mejora no solo resulta imperceptible, sino que, debido a la decadencia de ciertas ramas de la industria o de determinados distritos del país —cosas que a veces ocurren
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III. De la acumulación del capital, o del trabajo productivo e improductivo
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