El capital del país, al no ser suficiente para el conjunto de la expansión de negocios que tales adquisiciones presentan a las distintas personas entre las cuales se divide, se aplica únicamente a aquellas ramas particulares que ofrecen la mayor ganancia. Parte de lo que antes se había empleado en otros comercios se retira necesariamente de ellos y se desvía hacia algunos de los nuevos y más lucrativos. En todos esos comercios antiguos, por lo tanto, la competencia llega a ser menor que antes. El mercado llega a estar menos abastecido de muchas clases diferentes de mercancías. Su precio sube necesariamente más o menos, y produce una mayor ganancia a quienes comercian con ellas, quienes, por lo tanto, pueden permitirse tomar prestado a un interés más alto.
Durante algún tiempo después de la conclusión de la última guerra, no solo particulares de la mejor solvencia, sino algunas de las compañías más grandes de Londres, solían tomar prestado al cinco por ciento, cuando antes de eso no solían pagar más del cuatro y del cuatro y medio por ciento.
El gran aumento tanto de territorio como de comercio, debido a nuestras adquisiciones en América del Norte y las Indias Occidentales, explicará esto suficientemente, sin necesidad de suponer ninguna disminución en el fondo de capital de la sociedad.
Un aumento tan grande de nuevos negocios que debían llevarse a cabo con el fondo antiguo, debió de disminuir necesariamente la cantidad empleada en un gran número de ramas particulares, en las cuales, al ser menor la competencia, los beneficios debieron de ser mayores.
Tendré ocasión en lo sucesivo de mencionar las razones que me inclinan a creer que el capital social de la Gran Bretaña no disminuyó ni siquiera a causa del enorme gasto de la última guerra.