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nydus/The Wealth of NationsPublic
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I. Del principio del sistema comercial o mercantil

Ninguna queja, sin embargo, es más común que la de la escasez de dinero. El dinero, como el vino, debe escasear siempre para aquellos que no tienen con qué comprarlo ni crédito para pedirlo prestado. Quienes poseen lo uno o lo otro, rara vez carecerán del dinero o del vino que necesiten. Esta queja, no obstante, sobre la escasez de dinero, no se limita siempre a los derrochadores imprudentes. A veces se generaliza en toda una ciudad mercantil y en la comarca vecina. El exceso de comercio es su causa común. Los hombres prudentes, cuyos proyectos han estado des proporcionados con sus capitales, son tan propensos a no tener con qué comprar dinero ni crédito para pedirlo prestado como los pródigos cuyos gastos han estado des proporcionados con sus rentas. Antes de que sus proyectos puedan dar fruto, su capital se ha agotado, y su crédito con él. Van de aquí para allá intentando pedir dinero prestado, y todo el mundo les dice que no tiene nada que prestar. Incluso esas quejas generales sobre la escasez de dinero no siempre prueban que el número habitual de piezas de oro y plata no esté circulando en el país, sino que mucha gente necesita esas piezas y no tiene nada que dar a cambio. Cuando las ganancias del comercio resultan ser mayores de lo ordinario, el exceso de comercio se convierte en un error generalizado tanto entre los grandes como entre los pequeños comerciantes. No siempre envían al extranjero más dinero del habitual, pero compran a crédito, tanto dentro como fuera del país, una cantidad desacostumbrada de mercancías que envían a algún mercado distante, con la esperanza de que los retornos lleguen antes de que se reclame el pago.

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