Parece por consiguiente, según la experiencia de todas las edades y naciones, a mi entender, que el trabajo realizado por hombres libres resulta a la larga más barato que el ejecutado por esclavos. Así se comprueba incluso en Boston, Nueva York y Filadelfia, donde los jornales del trabajo ordinario son tan muy elevados.
La generosa remuneración del trabajo, por lo tanto, así como es el efecto de la riqueza creciente, es también la causa de la población creciente. Quejarse de ello es lamentarse del efecto y la causa necesarios de la mayor prosperidad pública.
Merece la pena señalar, tal vez, que es en el estado progresivo, mientras la sociedad avanza hacia una mayor adquisición de riquezas, más que cuando ya ha adquirido su pleno complemento, que la condición de los pobres trabajadores, de la gran masa del pueblo, parece ser la más feliz y la más cómoda. Es dura en el