y casi ninguno en Francia. En 1751 y 1752, cuando el Sr. Hume publicó sus Discursos políticos, y poco después de la gran multiplicación del papel moneda en Escocia, hubo una subida muy perceptible en el precio de las provisiones, debida, probablemente, a la inclemencia de las estaciones y no a la multiplicación del papel moneda.
Otra cosa sería, en verdad, con un papel moneda consistente en pagarés, cuyo pago inmediato dependiera, en cualquier aspecto, ya de la buena voluntad de quienes los emitieron; ya de una condición que el tenedor de los billetes pudiera no tener siempre a su alcance cumplir; ya cuyo pago no fuera exigible hasta después de un cierto número de años, y que entretanto no devengaran interés.
Un papel moneda de este tipo caería, sin duda, más o menos por debajo del valor del oro y de la plata, según que la dificultad o la incertidumbre de obtener el pago inmediato se supusiera mayor o menor; o según la mayor o menor distancia de tiempo en que el pago fuese exigible.