y aunque sin duda sucede a veces que las personas hacen lo uno y lo otro, sin embargo, por el respeto que todos los hombres tienen hacia su propio interés, podemos estar seguros de que no puede suceder con tanta frecuencia como a veces somos proclives a imaginar. Preguntadle a cualquier hombre rico de común prudencia a cuál de los dos tipos de personas ha prestado la mayor parte de su capital, si a aquellos que, según él, lo emplearán provechosamente, o a aquellos que lo gastarán ociosamente, y se reirá de vosotros por plantear la pregunta. Incluso entre los prestatarios, por lo tanto, que no son precisamente las personas del mundo más famosas por su frugalidad, el número de los frugales e industriosos supera considerablemente al de los prógromos e ociosos.
Las únicas personas a quienes comúnmente se presta capital sin esperarse de ellas que hagan un uso muy provechoso del mismo son los caballeros rurales que piden prestado con garantía hipotecaria.
Incluso ellos rara vez piden prestado meramente para gastar. Lo que piden prestado, por así decirlo, suele estar gastado antes de que lo pidan prestado.
Por lo general, han consumido una cantidad tan grande de bienes, que les fueron adelantados a crédito por tenderos y comerciantes, que se ven en la necesidad de pedir prestado a interés para pagar la deuda.
El capital tomado en préstamo reemplaza los capitales de aquellos tenderos y comerciantes, los cuales los caballeros rurales no habrían podido reemplazar con las rentas de sus haciendas. No se pide prestado propiamente para ser gastado, sino para reemplazar un capital que ya había sido gastado antes.
Casi todos los préstamos a interés se hacen en dinero, ya sea en papel, o en oro y plata.