Que esta definición de la palabra francesa era correcta lo demuestra bien el siguiente pasaje de un libro que se sabe que estuvo en poder de Smith a su muerte, las Institutions politiques de Bielfeld, 1760 (tom. i, p. 99).
“Le premier Président du Harlay en recevant M. d’Argenson à la charge de lieutenant général de police de la ville de Paris, lui adressa ces paroles, qui méritent d’être remarquées: Le Roi, Monsieur, vous demande sûreté, netteté, bon-marché. En effet ces trois articles comprennent toute la police, qui forme le troisième grand objet de la politique pour l’intérieur de l’État.”
Cuando descubrimos que en 1697 se esperaba del jefe de la policía de París que proporcionara baratura además de seguridad y limpieza, nos sorprende menos la inclusión de la «baratura o abundancia» o la «opulencia de un Estado» en la «jurisprudencia» o en «los principios generales del derecho y del gobierno».
«La baratura es de hecho lo mismo que la abundancia», y «la consideración de la baratura o la abundancia» es «lo mismo» que «la manera más adecuada de asegurar la riqueza y la opulencia».
Si Adam Smith hubiera sido un creyente a la antigua usanza en el control estatal del comercio y la industria, habría descrito las regulaciones más adecuadas para asegurar la riqueza y la opulencia, y no habría tenido nada de extraño que esta descripción se encuadrara en los «principios generales del derecho y del gobierno».
Lo verdaderamente extraño es simplemente el resultado de la actitud negativa de Smith: de su creencia de que las regulaciones pasadas y presentes eran en su mayor parte puramente perjudiciales.
Los dos asuntos, la limpieza y la seguridad, logró despacharlos muy brevemente: