Su riqueza real también es proporcional, no a su producto bruto, sino a su producto neto.
Todo el gasto de mantenimiento del capital fijo debe excluirse evidentemente de la renta neta de la sociedad.
Ni los materiales necesarios para mantener sus máquinas útiles e instrumentos de trabajo, sus edificios lucrativos, etc., ni el producto del trabajo necesario para dar a esos materiales la forma adecuada, pueden formar nunca parte de ella.
El precio de ese trabajo puede ciertamente formar parte de ella, ya que los obreros así empleados pueden destinar la totalidad del valor de sus salarios a su fondo reservado para el consumo inmediato.
Pero en otras clases de trabajo, tanto el precio como el producto van a parar a este fondo: el precio al de los obreros, el producto al de otras personas cuya subsistencia, comodidades y diversiones aumentan con el trabajo de aquellos obreros.
La intención del capital fijo es aumentar las fuerzas productivas del trabajo, o permitir que el mismo número de trabajadores realice una cantidad mucho mayor de trabajo. En una granja donde todos los edificios necesarios, cercas, desagües, vías de comunicación, etc., se encuentran en el más perfecto y buen orden, el mismo número de trabajadores y ganado de labor producirá una cosecha mucho mayor que en otra de igual extensión y de tierra igualmente buena, pero no provista de iguales comodidades. En las manufacturas, el mismo número de operarios, auxiliados por la mejor maquinaria, elaborará una cantidad de mercancías mucho mayor que con instrumentos de trabajo más imperfectos. El gasto que se invierte adecuadamente en un capital fijo de cualquier clase se reponen