which exceeds what is absolutely necessary for the support of human nature, so that there is vice even in the use of a clean shirt or of a convenient
Pero, piensa Smith, ha caído en la gran falacia de representar toda pasión como enteramente viciosa si lo es en cualquier grado y dirección:—
“De este modo es como lo trata todo como vanidad, ya sea que se refiera a cuáles son o a cuáles debieran ser los sentimientos de los demás; y es mediante esta sofistería que establece su conclusión favorita de que los vicios privados son beneficios públicos.
Si el amor a la suntuosidad, el gusto por las artes elegantes y las mejoras de la vida humana, por todo lo que resulta grato en el vestir, el mobiliario o el carruaje, por la arquitectura, la estatuaria, la pintura y la música, ha de considerarse como lujo, sensualidad y ostentación, incluso en aquellos cuya situación permite, sin inconveniente alguno, la complacencia en esas pasiones, es seguro que el lujo, la sensualidad y la ostentación son beneficios públicos: puesto que, sin las cualidades a las que él cree oportuno otorgar tan oprobiosos nombres, las artes del refinamiento jamás podrían hallar estímulo y languidecerían por falta de empleo.”
“Tal es —concluye Smith—, el sistema del doctor Mandeville, que en su día hizo tanto ruido en el mundo”.
Por muy destructivo que pudiera parecer, pensaba que “nunca habría engañado a un número tan grande de personas, ni habría ocasionado una alarma tan general entre quienes son amigos de mejores principios, de no haber rozado la verdad en algunos aspectos”.