La renta de la tierra no solo varía según su fertilidad, cualquiera que sea su producto, sino según su situación, cualquiera que sea su fertilidad.
La tierra en las inmediaciones de una ciudad produce una renta mayor que la tierra igualmente fértil en una parte distante del país.
Aunque cultivar la una no cueste más trabajo que la otra, siempre ha de costar más llevar el producto de la tierra distante al mercado. Una mayor cantidad de trabajo, por lo tanto, debe mantenerse con ella; y el excedente, de donde se extraen tanto el beneficio del agricultor como la renta del propietario, debe disminuir.
Pero en las partes remotas del país la tasa de beneficios, como ya se ha demostrado, es generalmente más alta que en las inmediaciones de una gran ciudad. Una proporción menor de este excedente disminuido, por lo tanto, debe corresponder al propietario.
Los buenos caminos, canales y ríos navegables, al disminuir los gastos de transporte, sitúan a las partes más remotas del país en un plano de igualdad más cercano al de las vecinas a la ciudad. Por esa razón, son las mayores de todas las mejoras. Fomentan el cultivo de lo remoto, que siempre ha de ser el círculo más extenso del país. Son ventajosos para la ciudad al romper el monopolio de la comarca vecina a ella. Son ventajosos incluso para esa parte del país. Aunque introducen algunos productos rivales en el antiguo mercado, abren muchos mercados nuevos a su producción. El monopolio, además, es un gran enemigo de la buena gestión, la cual nunca puede generalizarse sino como consecuencia de esa libre y universal competencia que obliga a todo el mundo a recurrir a ella en aras de la propia defensa. No hace más de cincuenta años que algunos de los condados vecinos a Londres peticionaron al Parlamento en contra de la extensión de las