En tales situaciones apenas podemos esperar encontrar ni siquiera a un herrero, un carpintero o un albañil a menos de veinte millas de otro del mismo oficio. Las familias dispersas que viven a ocho o diez millas de distancia del más cercano de ellos deben aprender a realizar por sí mismas una gran cantidad de pequeños trabajos para los cuales, en países más poblados, requerirían la ayuda de dichos artesanos.
Los trabajadores del campo se ven obligados casi en todas partes a dedicarse a todas las diferentes ramas de la industria que tienen tanta afinidad entre sí como para emplearse en la misma clase de materiales.
- Un carpintero de aldea se ocupa de toda clase de obra hecha de madera: un herrero de aldea, de toda clase de obra hecha de hierro.
- El primero no es sólo carpintero, sino ebanista, tornero, y aun tallista en madera, además de fabricante de ruedas, de aragonesas, de carros y carretas.
- Las ocupaciones del segundo son aún más variadas.
Es imposible que exista un oficio como el de herrero de clavos en las partes remotas e interiores de las Tierras Altas de Escocia.
Un trabajador de este tipo, a razón de mil clavos al día y tres trescientos días laborables al año, fabricará trescientos mil clavos al año.
Pero en tal situación sería imposible dar salida a mil, es decir, al trabajo de un solo día en todo el año.
Así como por medio del transporte acuático se abre un mercado más extenso a toda clase de industria que el que el transporte terrestre por sí solo puede proporcionarle, así es en la costa marítima y a lo orillas de los ríos navegables donde la industria de todo tipo naturalmente comienza a subdividirse y mejorarse, y con frecuencia pasa mucho tiempo antes de que esas mejoras se extiendan a las zonas del interior del país.