es tan evidente que parece ridículo tomarse la molestia de demostrarla; ni jamás se habría puesto en duda, de no haber sido porque la sofistería interesada de los comerciantes y fabricantes ha confundido el sentido común de la humanidad. El interés de estos es, a este respecto, directamente opuesto al de la gran masa del pueblo. Así como es interés de los gremios de una corporación impedir que el resto de los habitantes empleen a otros artesanos que no sean ellos mismos, también es interés de los comerciantes y fabricantes de todo país asegurarse el monopolio del mercado nacional. * De ahí los aranceles extraordinarios en Gran Bretaña, y en la mayoría de los demás países europeos, sobre casi todas las mercancías importadas por comerciantes extranjeros. * De ahí los elevados aranceles y prohibiciones sobre todas aquellas manufacturas extranjeras que puedan competir con las nuestras. * De ahí también las extraordinarias restricciones a la importación de casi toda clase de mercancías procedentes de aquellos países con los que se supone que la balanza comercial es desfavorable; es decir, de aquellos contra los cuales la animosidad nacional resulta estar
La riqueza de una nación vecina, sin embargo, aunque peligrosa en la guerra y en la política, resulta sin duda ventajosa en el comercio. En un estado de hostilidad puede permitir a nuestros enemigos mantener flotas y ejércitos superiores a los nuestros; pero en un estado de paz y comercio debe asimismo permitirles realizar intercambios con nosotros por un mayor valor y ofrecer un mejor mercado, ya sea para el producto inmediato de nuestra propia industria o para cualquier cosa que se compre con ese producto. Así como un hombre rico suele ser un mejor cliente para la gente laboriosa de su vecindario que un hombre pobre, también lo es una