En realidad, aquellas producciones que exigen, ya sea un mayor gasto inicial de mejora, ya sea un mayor gasto anual de cultivo para acondicionar la tierra para ellas, parecen ofrecer por lo común, las primeras una mayor renta, y las segundas un mayor beneficio que el grano o el pasto. Esta superioridad, sin embargo, rara vez resulta ser superior a un interés razonable o una compensación por ese gasto superior.
En un plantío de lúpulo, en uno de frutales, en una huerta, tanto la renta del propietario como el beneficio del agricultor son generalmente mayores que en un campo de cereales o de pasto.
Pero poner la tierra en este estado requiere más gastos. De ahí que se deba una mayor renta al propietario.
Requiere también una gestión más atenta y hábil. De ahí que se deba un mayor beneficio al agricultor.
La cosecha también, al menos en el plantío de lúpulo y de frutales, es más precaria. Su precio, por lo tanto, además de compensar todas las pérdidas ocasionales, debe proporcionar algo parecido al beneficio de un seguro.
Las circunstancias de los hortelanos, por lo general modestas y siempre moderadas, pueden convencernos de que su gran ingenio no suele estar sobradamente recompensado.
Su delicioso arte es practicado por tanta gente rica por diversión, que los que lo practican por cuenta ajena y con ánimo de lucro obtienen escasa ventaja; porque las personas que por naturaleza debían ser sus mejores clientes se abastecen a sí mismas de todas sus producciones más preciosas.
La ventaja que el propietario obtiene de dichas mejoras no parece haber sido en ningún momento mayor que la suficiente para compensar el gasto original de realizarlas.