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nydus/The Wealth of NationsPublic
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II. De las restricciones a la importación de aquellos productos extranjeros que se pueden producir en el país

hasta qué punto el encarecimiento general del precio del trabajo podría afectar al de cada mercancía diferente en cuya elaboración se empleara el trabajo, no podría saberse jamás con una exactitud tolerable. Sería imposible, por lo tanto, proporcionales con una exactitud tolerable el impuesto sobre cada mercancía extranjera a este encarecimiento del precio de cada mercancía nacional.

En segundo lugar, los impuestos sobre las necesidades de la vida tienen casi el mismo efecto sobre las circunstancias del pueblo que un suelo pobre y un mal clima.

Las provisiones se encarecen de este modo de la misma manera que si se necesitara un trabajo y un gasto extraordinarios para producirlas. Así como en la escasez natural derivada del suelo y del clima sería absurdo indicar al pueblo de qué manera debe emplear sus capitales y su industria, lo es asimismo en la escasez artificial derivada de tales impuestos.

Dejarles que adapten, tan bien como puedan, su industria a su situación, y que descubran aquellos empleos en los que, a pesar de sus circunstancias desfavorables, puedan tener alguna ventaja ya sea en el mercado nacional o en el extranjero, es lo que en ambos casos redundaría evidentemente más en su beneficio.

Imponerles un nuevo impuesto porque ya están sobrecargados de tributos, y porque ya pagan demasiado caros los artículos de primera necesidad, para hacerles pagar también demasiado caros la mayor parte de los demás productos, es sin duda una forma de enmendar de lo más absurda.

Tales impuestos, cuando han crecido hasta cierto punto, son una maldición igual a la esterilidad de la tierra y a la inclemencia de los cielos; y, sin embargo, es en los países más ricos y laboriosos donde se han impuesto con mayor generalidad.

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