y sus gobiernos, en particular los de tres de las provincias de Nueva Inglaterra, han sido hasta ahora también
Los gobiernos absolutos de España, Portugal y Francia, por el contrario, tienen lugar en sus colonias; y los poderes discrecionales que tales gobiernos suelen delegar en todos sus funcionarios subalternos son, debido a la gran distancia, ejercidos allí de manera natural con más violencia de la habitual.
Bajo todos los gobiernos absolutos hay más libertad en la capital que en cualquier otra parte del país. El soberano mismo nunca puede tener interés ni inclinación por pervertir el orden de la justicia o por oprimir al gran cuerpo del pueblo. En la capital, su presencia atemoriza más o menos a todos sus funcionarios subalternos, quienes en las provincias más remotas, desde donde es menos probable que le lleguen las quejas del pueblo, pueden ejercer su tiranía con mucha mayor seguridad.
Pero las colonias europeas en América son más remotas que las provincias más distantes de los mayores imperios que se hubieran conocido jamás. El gobierno de las colonias inglesas es quizás el único que, desde que el mundo existe, pudo dar perfecta seguridad a los habitantes de una provincia tan sumamente distante.
La administración de las colonias francesas, sin embargo, se ha llevado a cabo siempre con más dulzura y moderación que la de las españolas y portuguesas. Esta superioridad de conducta es acorde tanto con el carácter de la nación francesa como con lo que forma el carácter de toda nación: la naturaleza de su gobierno, el cual, aunque arbitrario y violento en comparación con el de la Gran Bretaña, es legal y libre en comparación con los de España y Portugal.
Es sin embargo en el progreso de las colonias norteamericanas donde se manifiesta principalmente la superioridad de la política inglesa. * El progreso de