Todas estas incorporaciones se llamaban antiguamente universidades; que de hecho es el nombre latino propio de cualquier corporación en general. La universidad de los herreros, la universidad de los sastres, etc., son expresiones que encontramos comúnmente en las viejas cartas de las ciudades antiguas. Cuando aquellas corporaciones particulares que hoy en día se denominan peculiarmente universidades se establecieron por primera vez, el plazo de años que era necesario estudiar para obtener el grado de maestro en artes parece haberse copiado evidentemente del plazo de aprendizaje en los oficios comunes, cuyas incorporaciones eran mucho más antiguas. Del mismo modo que haber trabajado siete años bajo la tutela de un maestro debidamente cualificado era necesario para dar derecho a cualquier persona a convertirse en maestro y tener a su vez aprendices en un oficio común, haber estudiado siete años bajo un maestro debidamente cualificado era necesario para darle derecho a convertirse en maestro, profesor o doctor (palabras antiguamente sinónimas) en las artes liberales, y a tener discípulos o aprendices (palabras asimismo originalmente sinónimas) que
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X. De los salarios y el beneficio en las diferentes ocupaciones del trabajo y del capital
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