anual de cultivo mayor, aunque a menudo sean muy superiores a los del grano y los pastos, sin embargo, cuando no hacen más que compensar dicho gasto extraordinario, se hallan en realidad regulados por la renta y el beneficio de esos cultivos comunes.
Ocurre a veces, en verdad, que la cantidad de tierra que puede destinarse a cierto producto en particular es demasiado pequeña para abastecer la demanda efectiva.
Todo el producto puede venderse a quienes están dispuestos a dar algo más de lo suficiente para pagar la totalidad de la renta, los salarios y el beneficio necesarios para producirlo y llevarlo al mercado, según sus tasas naturales, o según las tasas a las que se pagan en la mayor parte de las demás tierras cultivadas.
La parte excedente del precio que queda tras sufragar la totalidad de los gastos de mejora y cultivo puede comúnmente, en este caso, y solo en este caso, no guardar proporción regular con el excedente similar en el grano o los pastos, sino que puede superarlo en casi cualquier medida; y la mayor parte de este exceso va a parar naturalmente a la renta del terrateniente.